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Comunicamos con profundo dolor el fallecimiento de la licenciada Dora Ivniski.

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Nuevo libro de parapsicología en la Argentina
"El buscador de maravillas" por Juan Gimeno

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COLABORACIÓN PARA UNA INVESTIGACIÓN
Se solicita a aquellas personas que hayan sido protagonistas o testigos de fenómenos poltergeist (ruidos inexplicables, movimiento de objetos, aparición de luces, etc), y que estén dispuestas a ser entrevistadas para relatar sus experiencias, manteniendo en reserva sus datos personales si fuera necesario, que escriban aquí

Grupo de estudios
en el Instituto de Parapsicología
En respuesta al interés manifestado por numerosas personas, el Instituto de Parapsicología ofrece un Grupo de Estudios de parapsicología, de acuerdo a las siguientes consignas:

"Científico
y Psíquico" - "Scientist
and Psychic"
por el Dr. José María Feola.

NUEVO LIBRO
Naum Kreiman, la Parapsicología y la Ciencia

por Dora Ivnisky y Juan Gimeno.

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Algunas ideas sobre la ciencia y su historia

Naum Kreiman

I

La ciencia nace con el objeto de resolver problemas de la vida cotidiana, problemas prácticos, incluso ciencias como la matemática y la geometría tienen ese objetivo (E. Troise, "Materialismo dialéctico", p. 200).
La fabricación de la canoa, el templo, la medición de la tierra para el cultivo, incluso la astronomía, nacen con estos objetivos.
El conocimiento científico se inicia con dos nociones: la de causa y la de ley.
La ciencia en la antigüedad era sinónimo de conocimiento. El conocimiento estuvo, desde sus primeros momentos, vinculado a la idea del bien común. Hipócrates, en sus Preceptos, dice, por ejemplo: "El amor que siente uno por su ciencia implica por necesidad el amor a la especie humana" (E. Troise, op. cit., p. 72). Mucho antes, ya en el siglo V a.C., Eurípides decía: "Bendito el que traba conocimiento con la ciencia, que no siente impulsos hacia el mal, contra sus compañeros o hacia acciones injustas, sino que contempla el orden eterno de la naturaleza inmortal -cómo logró formarse, sus maneras, su camino-; acerca de esos hombres no hay preocupación de que efectúen cosas vergonzosas" (W. A. Heidel, "La edad heroica de la ciencia", pag. 72).

El planeta y el hombre eran el centro del universo. Aunque las concepciones sobre el universo, la materia y la biología no tenían el tecnicismo de hoy, los griegos sentaron las ideas iniciales de la filosofía y las concepciones científicas que se desarrollaron hasta hoy, comenzando por la idea del átomo, la concepción heliocéntrica y otras.
Pero, aun cuando podemos citar algunos ejemplos de ideas que aún hoy tienen una relativa vigencia, la concepción general vigente era cosmocéntrica.

Los griegos separaron el cuerpo del alma, como dos cosas bien distintas: una era materia pensante, la otra, materia extensa. El mundo sensible era engañoso, el mundo verdadero era el de las ideas.(Platon) La explicación de los fenómenos naturales estaba influida por las técnicas de la época. Por ejemplo: la escofina, el cepillo, la lanzadera, el filtro, el yunque, el martillo, la rueda del alfarero y los fuelles del horno, son utilizados en la descripción de los fenómenos naturales. Así, encontramos en Lucrecio, Aristóteles, Plinio, descripciones como las siguientes:
"La tierra es el filtro que retiene la sal del mar".
"El sol desteje el agua con sus rayos".
"El mar es una tela tejida".
"Los ríos, al deslizarse raspan las costas o los barcos".
"La sólida máquina del mundo".
"El sol gira como la rueda del alfarero".
Los "fuelles de los hornos" servían para explicar las estrellas, que eran "luces que se abrían paso por las troneras del cielo". Las alas les servían a los pájaros para "remar en el aire". Estas no eran figuras poéticas, respondían al método científico griego, lo que hoy llamaríamos "modelos" para la explicación científica.

"Los procesos técnicos son en realidad copias o imitaciones de los procesos naturales". "Las técnicas son copias de la naturaleza" (Hipócrates). (B. Farrington, "El cerebro y la mano en la antigua Grecia", pag. 41). Con ello decían: "podemos analizar lo invisible mediante lo visible de nuestros aparatos". Este era el método científico de los griegos para el conocimiento de la naturaleza.
Hoy día todavía utilizamos nuestros inventos técnicos para explicar los fenómenos naturales. No hace mucho, un ingeniero electrónico dijo que las computadoras funcionan como la mente humana o viceversa.
Pseudo-descubrimientos que hacen algunos técnicos que se meten a científicos sin conocer la historia.
Se admite en general que la Edad Antigua termina en el siglo V con la caída del Imperio Romano, y de aquí hasta la toma de Constantinopla en el siglo XV (1453) se denomina comúnmente la Edad Media.

Esta etapa de la historia puede caracterizarse como teocéntrica. La fuente del conocimiento está fuera del hombre. Está en Dios. La razón ya no es suficiente. Es el reinado de las concepciones aristotélicas.
Hubo un gran desarrollo de las ideas religiosas, el reinado de la escolástica. Se enseña geometría con Euclides, astronomía con Ptolomeo. Las Sagradas Escrituras eran la fuente del conocimiento y el límite que no se podía traspasar. De todas maneras hubo científicos que acometieron problemas particulares.

La tierra era el centro del universo. La concepción del mundo estaba imbuida de ideas religiosas y místicas. Todo el interés giraba en torno del hombre, sus orígenes sobrenaturales, la caída del Paraíso, la llegada de su Redentor y el Día del Juicio.
La atmósfera no era como para estimular la investigación científica. Los hombres estaban ocupados con sus almas. Veían el mundo, vieron restos de antiguas civilizaciones, pero su mente no estaba para investigar su significado. Comenzaron los grandes viajes, que ampliaron los límites del mundo.

Se creyó que la investigación científica del universo físico serviría simplemente para revelar mejor los medios empleados por Dios para la protección del hombre, y refirmaría las verdades bíblicas. John Ray (1627-1705), en su libro "The Wisdom of God manifested in the works of the Creation" fundamenta esta idea sobre la investigación científica. (Loren Eiseley, "El firmamento y su tiempo", Ed. Cía. General Fabril Editora).
Para tener una idea de las concepciones astronómicas y geográficas, se puede poner como ejemplo que antes de 1492 (descubrimiento de América) las monedas acuñadas en España tenían escritas estas palabras "Nec Plus Ultra": nada hay más allá. Luego se suprimió el "Nec".
Pero ya a partir del siglo XIII comienza a surgir un movimiento científico renovador.

II

Con Nicolás de Cusa (1401-1464) aparecen las primeras ideas sobre la existencia de un universo infinito, ideas que luego amplió Kepler (1571-1630).
Bacon (1560-1626) inaugura el método científico, en desafío a Aristóteles. Este método, basado en la observación y el experimento, lo lleva a cabo Galileo, su contemporáneo (1564-1642) con el mayor de los éxitos.

Aparece la creencia en un orden natural que puede ser conocido.
Se inicia la Edad Moderna, que generalmente se considera comprendida entre el 1453 (caída de Constantinopla) y la Revolución Francesa (1789-1794). La Edad Moderna se inicia con un vuelco científico extraordinario. Este cambio lo iban a dirigir las ciencias físicas y astronómicas.
La tierra ya no era el centro del universo (Copérnico, 1473-1543; Kepler, 1571-1630). Se descubren las leyes de la gravitación (Kepler, 1571-1630; Newton, 1643-1727), y la velocidad de la luz (Olans Roemer, 1675) (L. Eiseley, op. cit., pag. 23).

A partir de Galileo comienza una gran eclosión científica y un cambio en la concepción del mundo y del objetivo de la ciencia. Se diferencia el conocimiento científico del filosófico.
Comienza a ser vigente la idea de un nuevo universo, heliocéntrico. Aparecen las primeras leyes fundamentales de la mecánica celeste con Copérnico (1473-1543) y culmina con Kepler (1571-1630) y Newton (1643-1727).

El siglo XV estaba acotado por algunas ideas que ponían un límite al progreso científico.
Copérnico estaba limitado por la idea vigente de que el círculo, figura perfecta, debía ser también la geometría que regía el movimiento de los planetas alrededor del sol (vieja idea de Aristóteles), que debía ser en círculos perfectos.
Un siglo después, esta idea del círculo perfecto influía en el pensamiento de Vico (1668-1741), quien introdujo la idea de evolución en la historia del hombre, que está calcada sobre la mecánica universal de Newton. Según Vico, la historia es una serie de cursos y recursos. Hay libertad pero no para desbordarse, como un río. La historia no es una línea recta, es un círculo. La idea de círculo perfecto que limitaba el pensamiento de Kepler, era vigente en Vico. Era vigente en toda concepción científica.
Infancia, juventud y madurez de los pueblos y vuelta otra vez a la infancia. (J. Ferrater Mora, "Cuatro visiones de la historia universal", ed. Losada, pag. 93).

III

Con Newton tenemos ya enunciado el nuevo Universo, pero no pudo todavía eliminar a Dios de la Creación.
Dios creó la máquina del mundo, y ésta podía ya trabajar sin su intervención. A lo sumo, bastaría con una intervención ocasional para ajustar el reloj. Entonces, ya la idea de fuerzas naturales se iba desprendiendo de las ideas religiosas. Hay menor intervención divina en los asuntos terrenales. Dios sólo cuida que funcione bien. (L. Eiseley, op. cit., pag. 24). Y esta idea de la intervención divina, después de la Creación, se halla presente en lo que podríamos llamar la concepción de la sociedad y la historia.

Con Galileo comienza la nueva ciencia de la física y la astronomía; faltaba la concepción de la historia del hombre, la historia política y social de la humanidad. El mundo físico ya estaba en movimiento casi sin Dios, la ley de la gravitación ya casi estaba formulada por Kepler, Roemer midió la velocidad de la luz; esta medida ya estaba fuera del alcance de la mente común. Pero antes de que Kant y Laplace introdujeran la idea de la evolución en la concepción del Universo, Vico la introdujo en la historia del hombre.

Para Vico, la verdadera ciencia es la historia (J. F. Mora, op. cit., pag. 90). Esta historia de la humanidad está calcada sobre la concepción de la mecánica universal de Newton.
La historia ha nacido una vez con la creación del hombre, pero ha renacido muchas veces. A través de la historia puede ser comprendida la naturaleza humana. Dios está, no para intervenir en la historia humana, sino que se halla vigilante para que se cumpla (J. F. Mora, op. cit., pag. 90), igual que en Newton Dios cuida de que el reloj del universo funcione. El hombre conoce y comprende sólo algunas cosas, muy pocas, precisamente las que él mismo hace y construye; las demás las piensa solamente, pero no las entiende, decía Vico.

En la actualidad, los descubrimientos de la física ponen al hombre de hoy en las mismas condiciones que el hombre newtoniano. La física cuántica la podemos pensar, hacer fórmulas, pero no la entendemos (Einstein). La dimensión del átomo, el concepto cuatridimensional, los inmensos sucesos cósmicos, los tiempos luz del Universo, la idea de un espacio repleto de electrones de masa negativa (Koestler, "Las raíces del azar"), la idea de un positrón que retrocede en el tiempo (R. P. Feiman) (Koestler, op. cit.), jaquean nuestra mente, condicionada desde su nacimiento al tiempo y al espacio de nuestra vida cotidiana, en la cual se dan nuestras cotidianas experiencias. Y, como decía Vico, podemos pensarlas pero no entenderlas. Podemos transformarlas en fórmulas matemáticas, operar con ellas, pero no pertenecen a nuestra percepción ni a nuestra intuición.

Al finalizar el siglo XVIII era idea común entre los científicos pensar que las especies animales que existían contemporáneamente habían sido todas creadas y no había desaparecido ninguna. Era una idea vigente en todas las ciencias. "Tal como existía la máquina equilibrada y autorregulada de los cielos, la máquina equilibrada y de renovación autónoma de la tierra, así también la vida estaba vinculada a una gran cadena gobernada por una ley inmutable, nada podía desaparecer" (L. Eiseley, op. cit., pag. 42). Todo estaba cuidado por Dios.

IV

Con Kant (1724-1804), Laplace (1749-1827), Darwin (1809-1882), aparecen los conceptos de evolución cósmica y biológica. El universo estático de Newton es el resultado de una evolución en el tiempo de algo creado por la naturaleza. Kant propone la idea del origen de las estrellas y planetas a partir de nubes en rotación y Laplace escribe su libro sobre la mecánica celeste a fines del siglo XVIII y Darwin escribe a mediados del siglo XIX sobre el origen de las especies mediante la selección natural.

James Hutton (1726-1797) introduce la idea de la evolución geológica. La tierra era una máquina que eternamente se reconstruía y se renovaba a sí misma (L. Eiseley, op. cit., pag. 27). Es como un organismo viviente. El prestigio de la ciencia se acrecentaba cada vez más. En la mente del hombre del siglo XIX cuatro grandes ideas se impusieron: 1) la antigüedad del planeta ya no era la antigüedad bíblica; 2) la variación del mundo viviente; 3) un Universo que podía expresarse en términos matemáticos; 4) la idea de un creciente e indefinido progreso de la humanidad.

Para tener una idea de la jerarquía de la ciencia en el siglo XIX podemos citar a uno de sus grandes pensadores, Renan (1825-1892); en su libro "El porvenir de la ciencia", dice: "La ciencia lo puede todo. Hay que sostener a todo trance el dogma de que la razón ha de reformar la sociedad según sus principios. El optimismo sería un error si no le fuera dable mejorar con la ciencia el orden establecido" (Renan, "El porvenir de la ciencia", pag. 22).

Berthelot (1827-1907) escribía en 1896: "Pero los tiempos han cambiado. La ciencia tanto tiempo estigmatizada, perseguida durante la Edad Media, ha conquistado hoy su independencia gracias a los servicios que le deben los hombres: puede ya desdeñar las negaciones de los místicos. Del mismo modo, la juventud rehusó seguir estos guías falaces, cualesquiera fuesen las seducciones de su lenguaje y la sinceridad de sus creencias, la juventud profesa convicciones más altas, más verdaderas y generosas. Sabe que la pretendida bancarrota de la ciencia es una ilusión de personas extrañas al espíritu científico; sabe que la ciencia ha cumplido las promesas hechas en su nombre por los filósofos de la naturaleza desde los siglos XVII y XVIII; es la ciencia misma quien ha transformado desde entonces, y aun desde el principio de los tiempos, las condiciones morales y materiales de los pueblos". Y finalmente dice: "Tal es la meta que la ciencia no ha cesado ni cesará nunca de perseguir con una infatigable devoción por el ideal y la verdad, con un amor sin límites hacia la humanidad" (Berthelot, "Ciencia y moral", pag. 33-34-35).

Pero así y todo el siglo XIX tenía sus limitaciones. Darwin dice:
"Ocasionalmente interrogué a no pocos naturalistas y nunca ocurrió que me cruzara con ninguno que pareciera dudar de la permanencia de las especies". La idea de la evolución de las especies en realidad estaba presente en la mente de muchos grandes naturalistas, pero ellos mismos se autocensuraban. La presión religiosa en este terreno era muy poderosa. Ya Coleridge, poeta y filósofo (1772-1834), destaca en qué forma el clima intelectual de una época determinada puede retardar o limitar inconscientemente la investigación científica. Así decía:
"Quienquiera que esté familiarizado con la filosofía de los dos o tres últimos siglos no puede sino admitir que parece haber existido entre los doctos un acuerdo tácito de no ir más allá de cierto límite en la ciencia especulativa" (L. Eiseley, op. cit., pag.62).

Esta reflexión de Coleridge puede aplicarse también a nuestro tiempo, pero no ya como un acuerdo tácito sino explícito. El avance de la ingeniería genética, ya esta ensayando través de la combinación genética crear seres distintos a los creados por la naturaleza . En 1975, los científicos se impusieran una limitación a sí mismos. Prominentes biólogos se reunieron en la ciudad de Asilomar, en la costa del Pacífico, y decidieron hacer una pausa en este tipo de aplicaciones, pero no lo estan cumpliendo.

El siglo XX hereda del siglo XIX la iniciación de los más importantes avances en el conocimiento de la materia orgánica e inorgánica, incluso de la Psicología, cuyas bases científicas establece Wund (1879) que comienza el estudio de la psicología sobre los modelos de la investigación física y biológica.

V

El método científico creado por Bacon, Galileo y sus sucesores, llegó a la más alta aplicación práctica en todas las ciencias.
La utilización de las matemáticas se hizo cada vez más importante.
Bernouilli (1745-1829), Gauss (1777-1855), McLaurin (1698-1746), aportaron el cálculo de probabilidades, base de la utilización de la estadística en todas las ciencias. El cálculo infinitesimal, en su momento creado por Newton y Leibnitz, la teoría de los conjuntos, la teoría de los juegos, las geometrías no euclidianas, la teoría de los grupos, la investigación operativa, se aplicaron posteriormente a la física, la economía, etc.

También contribuyeron a un cambio de mentalidad en este siglo la teoría de la relatividad, la teoría de los cuantos y las investigaciones sobre los elementos subatómicos.
Todo ello ha cambiado la faz científica del siglo pasado, y le dio un nuevo vigor a la ciencia de este siglo, y la creación de una tecnología impensable hace sólo cincuenta años.
En esta época, más que en otras, la ciencia se halla en íntima relación con la economía social y el crecimiento industrial de las naciones.

Hoy, más que en otras épocas, la ciencia es sinónimo de poder. Ha avanzado, en los últimos cien años, más que en los dos mil años anteriores, justamente porque esa necesidad de poder se ha ido acrecentando entre las naciones. La masificación de la actividad científica en estos tiempos ha convertido al científico en un asalariado. Su ncesidad de sobrevivir, como cualquier otro técnico o profesional, hace que muchas veces no pueda elegir su vocación científica a la cual dedicarle su tiempo, y deba realizar tareas encargadas por los poderes públicos o por grandes corporaciones, o por los poderes políticos, a menudo dependientes de ajenos intereses nacionales.

Por otra parte, la actividad científica ya no puede hacerse individualmente en laboratorios privados. El instrumental necesario es prácticamente inaccesible a cualquier persona, a veces inclusive a instituciones, y es el Estado el que debe proveer los fondos necesarios.
En un intento de enunciar las inquietudes científicas con que entramos en el siglo XXI podríamos mencionar, sin que ello signifique orden de prioridad, las siguientes: la reproducción clonal,que en este momento parece que ya es un hecho, la gestación in vitro, la manipulación genética, el uso de la energía atómica, la colonización del sistema solar, la tecnificación en la actividad económica y en la vida cotidiana, la manipulación de la mente humana, los trasplantes quirúrgicos, la unificación de la economía del planeta, y tres grandes temas que ya van siendo actuales: la crisis de la familia tradicional, el control de la natalidad y la preparación para el ocio. Y por otra parte, tres grandes principios éticos: la responsabilidad, vivir para convivir en paz; cuidar nuestro planeta y nuestra especie; cuidar el patrimonio cultural y la naturaleza.
Buenos Aires, Diciembre 2002.






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